Al mismo tiempo hemos de contemplar que no sirve de nada forzar conseguir una autonomía personal en nuestros hijos si no tienen una autoestima lo suficientemente formada. Muchos niños y personas adultas tienen una capacidad de reconocerse

A la vez que enseñamos y trabajamos las normas y rutinas en nuestros hijos, hemos de reforzar el esfuerzo que llevan a cabo. Lo importante no es recompensárselo con cosas materiales del tipo “último juguete de moda entre los niños”, “chucherías”, “cromos”, etc… La verdadera recompensa que ellos a largo plazo van a apreciar son los ratos jugando juntos a un juego que les gusta y les motiva, los momentos a la vuelta del trabajo de estar con ellos a pesar de encontrarnos bajo mínimos, los paseos o salidas al parque para disfrutar de una vuelta en bicicleta juntos, los abrazos, los golpecitos de espalda con una sincera mirada y sonrisa de reconocimiento y aprecio, etc… Todas estas recompensas no-materiales aumentan la seguridad de los niños en sí mismos dentro y fuera de la familia, creando poco a poco una mejor adaptación en la sociedad.
Realmente lo más cómodo muchas veces es concederles su último capricho, pero es que cuando hablamos de EDUCAR, no hablamos de que sea cómodo ni fácil. Educar implica esfuerzo, y el esfuerzo requiere tiempo por nuestra parte.
