Numerosas son las quejas de las familias con
tres hijos sobre qué hacer o cómo tratar
a su hijo intermedio porque es el “más rebelde”. Ante esta situación yo
siempre alerto de que la solución está
en las manos de los adultos que tratan directamente con los pequeños.

Con los hijos mayores se suele tener una
relación especial debido a que son los primeros en llegar a la familia y en
experimentar siempre antes que nadie las nuevas actividades y en vivir las
nuevas etapas. Por lo tanto el segundo hijo siempre va a la sombra del primero,
y cuando tiene la edad para poder realizar las actividades que su hermano ya
realiza, nadie le presta atención de la misma manera, pues ya no es novedoso. Cuando
llega el tercer hijo, la figura del
segundo como el hijo pequeño, queda relegada puesto que el bebé necesita una atención
especial.
Los aspectos que vemos como negativos
relacionados con el lugar que ocupan entre los hermanos, se compensaran conforme
vayan creciendo puesto que a cada uno le exigiremos responsabilidades
diferentes. A los mayores siempre se les exigirá más que a los medianos y a los
pequeños. A los pequeños se les exigirá menos y se les dejará una supuesta
libertad mucho más ligera que a sus hermanos mayores.

Finalmente, los padres y la familia pueden
seguir unas recomendaciones para evitar que a edades tempranas los hijos,
sobretodo los medianos, desarrollen sentimientos que puedan afectar
negativamente a su autoestima:
1. Estar atento a si se le está
prestando una atención menor al hijo intermedio. Y si es así, enfoca tu
atención sobre él para asegurarte de que recibe la atención y tiempo que
necesite.
2. Ser justo y esperar de las
conductas y actitudes de cada hijo lo correspondiente a su edad.
3. No comparar entre hermanos ni
poner de modelo la conducta del mayor. Cada hijo es diferente y debemos dejar
la libertad de aprender cometiendo quizá los mismos errores que los hermanos
mayores. La comparación aumentará rivalidades innecesarias.
4. Ser imparcial. Compartir los
valores de tu casa entre todos y hacer cumplir las normas a todos por igual
independientemente de los gustos, talentos y afinidades que tenga cada uno.
5. Poner medios, atención y tiempo
para llegar a conocer esa cualidad especial que tiene cada uno de tus hijos.
6. Fomentar la relación sana de
cada uno de tus hijos con niños de su misma edad para fortalecer el sentido de
identidad y pertenencia.
Aunque
parezca un tema sentimental más que un verdadero problema, las emociones que
experimentan nuestros hijos durante su infancia conformarán y estructurarán su esqueleto emocional y su forma de
afrontar la vida en el futuro. De este modo dar a cada hijo la atención
especial que se merece y estar atentos a las necesidades que cada uno de ellos
demande de manera individual está en nuestras manos.
Publicado para www.micollardemacarrones.com
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